Estas son las nubes, Señores, de las imágenes de todos los libros de lecturas. Las primarias se engalanan con Oaxaca, también los jipis come-hongos, los fans de Santa Sabina y talvez algún pintor… lo siento. A mi la obra de muchos pintores oaxaqueños no me gusta. Hoy lo prefiero en vívida maind.

Este es el verdadero Patinador Sagrado.
Hay pocas canciones que a los primeros compases te inciten a sacar a tu abuelita a bailar y al avanzar a la pista te sientas tan hombre como tu abuelo cuando era joven, tan viejo y sabio como tu abuelo hoy, tan a la altura de tu padre, que sientas cómo la Sangre de Ancestros te fluye de la mano a los pies.
Estas Nereidas no son las del mediterráneo; son las nereidas del golfo, nereidas veracruzanas. Nereidas negrizcas que éste danzón reivindica como bellezas naturales de ese país que todavía no se nos va y tiene para rato, un México que está enterrado desde hace mucho, pero en la sangre.
¡Música Maestro!
(aquí iba Nereidas, el danzón).
Post data: Mientras escucha, imagínese a Al Paccino bailando esto en “Perfume de Mujer”, es el alucine….Total.
Los brazos me duelen de frío,
y aunque sé que soy el calambre de Dios,
hoy soy un planeador
que se precipita a chingar a su madre.

Alberto tiene la costumbre de “afirmar” que son vírgenes las chicas que nos consta a todos que se ha tirado (sí, somos mirones… ¡Sí!) y más aún, lo afirma de las que… digamos… tienen algo de fama; Burloncillo.
Entre la larga lista de vírgenes consagradas, se cuela Ivonne Morales. (Espero nunca lea esto, no lo entendería). Ella trabaja como la más guapa mesera en el restauran “La Brisa”.
Lo de santísima sólo fue un agregado, referente al antiquísimo filme mexicano “Santa”, en el cual la tal santa es una prostituta.
De ningún modo, aunque pudiera pensarse, es esto un insulto. Para nosotros es una deidificación de una mujer en la que, en cierto modo caben (y si no, lo quisiéramos) todas las mujeres. Es un homenaje. Hecho en humor negro, pero no por eso deja de ser homenaje.
Tampoco es algo solemne, todos lo decimos en una sonrisa. “Tengo hambre, vamos a ver a la virgen, ‘persínate’ puto”. Es como si formara parte de nuestro mundo alterno, aunque ella no lo sabe. Simplemente no sabríamos cómo decírselo sin que se molestara, después de todo ella es una mujer de rancho.
Por eso, sólo nos limitamos a recibir nuestros nachos, chelas y limonadas sin dejar de ver, extaciluminados, la cara sonriente de la virgen que se acerca peligrosamente al propio rostro y dice, con voz ensoñante: “¿Se les ofrece algo más?”. Y gritar mentalmente: “¡Cielo santo, amo a esta zorra!”.
A ustedes los bendigo, en nombre de nuestra Santísima Virgen de La Brisa, que sólo cuenta con diecinueve. 19 lindas primaveras.
Souvenir are un sobre venir.
Venir, inir, Sapir.
Sapir no estaría contento
de sapir lo que he hecho
con la sapiencia y el devenir
de la lengua y su porvinir
que la he sapido hacer
Un simple souvenir.
Patria
La solapa de esta patria mía se ha manchado.
La solapa de esta patria mía se ha marchado.
La solapa de esta pata mía se ha manchado.
La solada esta pata mía se ha marchado.
La solapa de esta, Patria mía, se ha manchado.
La solapa de “esta” patria, Mía, se ha manchado.
La solapa de este patrio, Mía se ha marchado.
La jalada de esta patria mía, me ha manchado.
Coma
Ensambles torcidos de un auto viejo quería volar y le pidió a l mago de adentro del árbol del ceso cascado pero muy bien bañado porque no era cualquier delincuente, era un gran ladrón donde te vea a donde quieras ir nomás me dices que sí pero no me dices cuando y ándale que se me acaba la trasnochada dura como la chingada madre nada ayuda te ayudan las madres los padrecitos de los niñitos bastarditos te ayudan también el dif y las enfermeras para el cáncer. Pero una coma no te ayuda. No te ayuda ni madres.

Las cámaras para aficionados son las que generalente tienen estos efectos espectrales. Me refiero a la rama circular, la cual no existe. Así se hacen lo chismes maussanezcos de que son muertos y ovnis…
Fe de herratas: Apenadamente informo que ayer (Febrero 17) que vi el árbol de día, me percaté de que la rama circular sí existe… bueno, no es una rama, es la vieja llanta de una bicicleta que está colgada y pegada por el guanu de las aves que por la noche habitan el árbol. Chin, Maussan, ya te quedaste sin chamba. Ni modo.
Cuando la gente se muda de casa, se lleva todo, pero con frecuencia los espejos se quedan ahí. Algunos hasta están incrustados en la pared, desde la construcción pues.
Esa gente que se muda, cuando llega a su nueva casa encuentra por lo menos, un espejo. Viejo, casi siempre.
Cuando limpiamos la casa, de esas veces que nos proponemos hacerlo de arriba a abajo aunque nos tome todo el día, todo lo movemos de lugar por pesado que sea, pero los espejos muy difícilmente. Todo se limpia frecuentemente, pero un espejo no tanto, ni siquiera con la frecuencia un vidrio. Cuando mucho, sólo es ladeado para limpiar por detrás y vuelto a su lugar inicial.
Los dedos manchan, pero aún así es más fácil que no nos importe manchar los vidrios de la cocina de nuestra madre que dejar gotitas de agua en el espejo del baño.
Lanzo una pregunta al aire:
¿Qué es el espejo?
Post Data: Creo que “Mirror” es una de las pocas palabras en inglés que son bonitas.
Dark, gótico y el verbo “definir” carecen de simpatía lexicográfica, pero al cabo para seres confinados a la oscuridad.
Su “ser”, lejos del posible “estar”, es decir: lejos de todo anillo de plata y discos inconseguibles, consiste en un simple proceso; el de encontrar y disfrutar con un libre “ello” psicológico la lucidez en las cosas y asuntos inluminosos e igual por el contrario (“¿igual por el contrario?” Creo que este tipo de contradicción tiene un nombre específico que no recuerdo… terminaba con “mono” y creo que era esdrújula así como “parcímono”… sabe. Creo que es “antinomia”… no se.) Encontrar los lados lóbregos del medio multicolor. Un proceso simple como ya dije, de dialéctica.
Un gusto caprichoso ese de exprimir a las piedras, donde la exigencia se tambalea en la línea tri-divisoria del barranco de la estupidez necia, el desfiladero a la locura filosófica nietszcheciana, y el abismo de la inutilidad de la belleza.
Gran tarea pues, monstruorizar sonrisas y embellecer desangramientos. Esta puede ser tal vez, la definición más aproximada de estos seres, que tanto luchan contra la etiqueta. Aunque como en todo, hay quienes no.
Por otra parte el confinamiento a la oscuridad si no viene de afuera y es adoptado por imitación, viene de adentro y es adaptada al modelo exterior sino es que tiene similitud nata. De cualquier modo el confinamiento a la oscuridad, el “negro” es social.
A la masa estúpida (en el sentido más científico de la palabra “gente”) no le gustan las dialécticas, no le gusta pensar. La masa estúpida –-parecida a los grupos de mosquitos— converge en una eterna búsqueda de la luz. Hay pocos pues que en realidad conocen (o que comprenden) la complementación y los más de quienes sí, se pierden —a conciencia— en el “Yang” utilizando el equilibrio para irse a la luz ¿Porqué? Porque es sólo la elite de la masa.
Al principio los humanos éramos homogéneos, “todólogos”. Con el tiempo nos hemos ido especializando hasta tener como fin la heterogeneidad. Hoy casi cada uno ha adoptado “una de cada cosa” al modo capitalista. Un color, un sonido, un lugar, sólo uno o sólo un grupo. Antes fue similar pero no era requisito social.
En los siglos (y mayormente en décadas cercanas) ha habido decreción de la oscuridad como igualitaria de la luz, mundo al fin; mundo occidental.
La dialéctica es una forma de homogeneizar, y aunque esto traería como consecuencia elecciones eclécticas, la masa y su luz (que crean presión social contra sus no-partícipes), y la necesidad general de equilibrio, han hecho para estos “seres dialécticos” el “negro social” con maquillaje y terciopelo. Esto es algo en partes consciente y en partes inconsciente.
Están cumpliendo, a grandes rasgos, una misión biológica: el equilibrio de la balanza humana. Aunque como en todo, hay quienes no.
soy la lumbre de los ácidos y anfetas
soy el más viejo del bar, un criminal
por guardarme el silencio de los ebrios santos
que me han dado su gracia.
En diez minutos de entrevista no me había respondido nada lejano de un monosilábico avionazo y siendo este tipo de respuesta la primera con contenido, me quedé tan de a seis que sólo pasé a la siguiente (y trivial) pregunta sin ahondar. Creo que hice bien.
Su contestación rayaba en entre lo saúl-hernandezco jaguar-caifanoso, lo monsiváis-ebriesco, lo hindú y lo peligrosamente chafa y fuma-marihuanario.
Hoy, después de un año lo entendí, creo. Talvez le di mi propia interpretación y no tiene nada que ver, pero algo de lógico tiene. Ya si no, pasa como mi propia teoría.
Lo de que el ebrio busque “algo” es plenamente lógico, casi axiomático. Lo difuso consiste en que eso sea un tal “yo” místico y que además por ello sean “santos”.
Esto a leguas se ve que podría pasar como parodia del dogma cristiano, pero he decidido ahondar, a riesgo de ahogarme en la nada.
Tomo como “misticismo” esa parte del “ser” (del “ser” filosófico) que es difusa, incluso para la ya difusa filosofía en su carácter ontológico. Esas partes del concepto del “ser” que escapan del entendimiento ya sea de alguien poco entendido (es místico lo desconocido) o ya sea por que, aunque sea alguien adiestrado, ha llegado al límite del entendimiento humano (es místico lo misterioso) y se va por el terreno del misterio.
Este misticismo se abstrae aún más en lo difuso cuando hablamos de un “yo” así de místico.
Siempre es más difícil hallar un “yo” que un “tu”, un ajeno. La razón es que hay un ego que superar y un “ello”, un “yo” y un “súper ello” que proteger. Es difícil verse la nuca sin un espejo, pues.
Cuando estamos bebiendo alcohol, todo se vuelve raro. Algunas ideas son concretas mientras nuestra visión nos muestra un mundo cada vez más efímero. Si estamos hablando con alguien, en especial con muchas personas, no ponemos atención a todas las ideas, tomamos una, la pensamos y sacamos el resultado como podemos porque con la ebriedad, si no lo decimos se nos olvidará. Esto naturalmente es un caos comunicativo, en realidad nadie escucha bien a nadie.
Eso es precisamente.
La idea que pensamos cuando estamos ebrios contiene varias palabras o pequeñas ideas, y para decirlas hay que hacer embonar —con mucha dificultad— la idea que pensamos con la realidad. En el momento en el que estos dos círculos embonan como las dos partes de un túnel, entonces la decimos como salga. Después volverá el caos y el olvido a nosotros. Es un proceso de enfoque, de ver sólo el primer plano -el plano esencial- como un cíclope.
La ebriedad no es un estado fijo, es progresivo y en cuanto más ebrio, mayor es el esfuerzo de embone. Otra cosa sucede también, las ideas cambian.
Las ideas se vuelven cada vez más esenciales. Ya no son de política o mujeres, sino cada vez más sobre nosotros, un asinceramiento.
Cuando estamos demasiado ebrios ya no hablamos con los demás, sino con nosotros mismos. A veces, cuando aún nos queda la posibilidad de mover la boca, pareciera que les hablamos a los demás, pero en realidad sólo utilizamos el “ustedes” o el “nosotros” pedagógico. Como un medio para burlar las dificultades de embone entre nosotros (conjunto de ego, yo, ello y súper ello (bola de cosas inabsolutas)) y nuestro “yo” místico. (Si antes era místico por los límites de la ontología ejercida, ahora lo es más por la dificultad de embonación). No es propiamente pues, la “búsqueda” de un “yo” místico. Sino el “dejar salir, el conocer sin tapujos” la esencia ontológica de nosotros mismos. Pero para nosotros en sobriedad no son conocibles los absolutos porque no somos uno de ellos. Hay que ser absoluto para ver lo absoluto. La personalidad no es absoluta y ella no nos dejará. Esa es la lucha del embone.
En el trance, la alta adrenalina y la ebriedad total se conoce lo absoluto.
Las ideas que están hechas de palabras todas, en la ebriedad total carecen de significante, son sólo el significado esencial, sensaciones lingüísticas. En este momento no hay tampoco palabras para hacer ideas que hagan que la personalidad impida la salida del “yo” místico.
Solo entonces, pensando esencias podremos apreciar el “yo” místico. La lucha entre la personalidad y el “yo” místico parece ser la lucha entre el demonio con el que se enfrentó Buda en su ayuno.
Este es el resultado si uno no se queda dormido. Para no quedarse dormido, hay que saber cuanto aguantamos, y para eso hay que ser más o menos un bebedor. A los ebrios comunes les gusta ver esa lucha desde lejos, desde la butaca. Sólo los ebrios santos la desempeñan.
¿Cuándo se vuelven santos? Se vuelven santos bajo el Dios de Spinoza. Si un santo sufre por llegar a Dios, entonces los ebrios santos sufren por llegar a ser —dejando salir su “yo” místico— parte del orden universal. No es que sobrios no lo sean, pero serlo en estado de “absoluto” es una decisión que pocos toman. De ningún modo son filósofos entendidos de jerga, son sólo ebrios santos.
Esto es una teoría. Sólo podemos llegar a especular sobre el resultado final mediante una regla de tres, ya que después de eso unos mueren y los que sí regresan, no lo recuerdan. Sólo queda una reminiscencia de placer que indica no qué era lo placentero pero sí cual era el camino: el alcohol.
Bueno, hay como pude lo descifré. Ahora tengo como reto una frase de mi amigo Chaquespiare que desde hace tres años me trae hecho pendejo: “Si los besos fueran el único placer en la cama, la mujer se casaría con otro”.
¿Sugerencias?
Porque se rompieron tus lentes (tus únicos lentes)
y estudias arquitectura.
Porque tus pies lloran hasta la central
cuando no traes para el micro
o cuando algo pierdes, o te lo quitan.
Cuando te agarran a chingadazos
porque inocentemente te pintaste el pelo.
No eres pobre, aunque aquí lo parezca.
Un Ericson W800 pende de tu cuello, con eso basta.
Aunque no es de tu gasto, sólo un regalo familiar.
Eres fuerte, eres una agresión cultural que camina,
Eres fuerte porque lo siento, porque lo digo.
Pero cuando una sola palabra mía,
una sobre-exposición al guanu de los pájaros,
una rotura en tu pantalón nuevo, o tantas cosas…
Simplemente cuando bajas la cabeza, arqueas tus cejas
y tras los lentes que te regalé comienzas a llorar
pretendiendo que no te vea,
aunque te sienta temblar
Se me parte el alma.
No eres llorona, porque no te quejas.
Que nadie te vea, ese es tu fin.
¿Pero cómo no te he de ver, Bonita,
si nadie te ve mas que yo?
Trato de hacerme grande, de ser un hombro gigantesco
que te sirva de muleta, de cueva, de hotel.
Hago -como mago- pequeñas tus penas, para que las veas lejanas,
y cuando me dices “gracias”,entre sorbidas de mocos y lagrimeo,
siento volverme el alma al cuerpo, porque ya te he sanado.
Pero cuando mis bufonadas, mis cansadas volteretas de animadora
no surten efecto antídoto, entonces muero.
Por suerte casi nunca me muero, pero cuando lo hago,
tú te percatas de mi sufrir, y entonces ya no eres más de papel,
eres entonces mi hombrito, mi muletita, mi cuevita, mi hotelito.
Pero cuando una sola palabra mía,
una sobre-exposición al guanu de los pájaros,
una rotura en tu pantalón nuevo, o tantas cosas…
Simplemente cuando bajas la cabeza arqueando las cejas
y tras los lentes que te regalé comienzas a llorar
pretendiendo que no te vea
aunque te sienta temblar,
se me parte el alma.
-Fella-
Me dices que eres DJ, me lo dices bailando… y yo soy una roca.
Colgado de tu árbol “posmoderno” me dices, cual simio azul de boina francesa y balanceante, que eres un músico de mundo. Que eres el pontífice, el oh! gran “hacedor de puentes”, el amo de la fusión de mundos, de Babilonia y Alemania, del cáucaso y la pampa, aunque finges no hacerme mucho caso.
Mi cabeza pulula sobre mis pies arraigados como un Diente de León greñudo y gruñiente, te miro buscando grupis intelectuales, casi, ca-si me sacas una risita. En gesto agresivo-pasivo, como un golpe de escudo te digo y te cuento las vueltas del rosario, una de esas sartas de poema que te encantan porque no entiendes. Tu y tus argonautas piensan que este rostro campirano mío lo dibujó un estiércol de vaca, nada digno de sus fauvistas casacas prehispánicas marca Nike, Yo y mi estirpe pensamos que saliste de un Nintendo, que tu música no vivirá.
Me dices que eres posmoderno, me lo dices fingiendo… y yo soy una roca.
Y eres un greñudo sesentero, un hijo de Cream, el tornillo que les faltaba a Los Locos del Ritmo, ¡Quesque’ eres beat!, que tu papá fue Pedro Infante, mamá de Strauss. Bonito les quedó el coro: “Tu música no vivirá”.
Me dicen todos, cual corillo de niños burlones, que son lo eterno, lo alto, la gran trompetota de Dios. Me lo dicen pensando, ¡Sintiendo, como una máquina en forma de corazón!… y yo, yo soy simplemente una roca.
Una piedra que rueda; pero las piedras rodantes…
No hacen moho.
Mi desfiladero.
Notita: Me gusta eso de “Auto-blues”, suena como al “autobús del blues”.





