Oct 29

 

 ”Cómo explicarte que toda mi vida ha sido el blues de la cebolla…”. 

  

  

  

  

P. D.: Creo que la causa oaxaqueña es muy justa, pero considero también que su proceder es muy pendejo. Ahora mismo hay gente muriendo allá, y de verdad, me duele. 

 

 

Oct 24

Aquella noche, la noche de la cerveza de Cervantes, enseñamos a un púber de 15 a desabrochar diversos tipos de brasieres, a tomar con estilo descontrolado una cerveza y a transformar sus dedos en las palas de una máquina de fumar. Le enseñamos a caminar como simio humano, a decir a todas que sí y a decirle a todos que no. Lo llevamos a la mala muerte de un antro volador de crack y a las delicias de un tubo sobre una mesa. Lo dejamos abandonado sobre el melao de una nodriza que traía puesto el liguero de la brevedad.

 

La noche de las cervezas una dama me dijo “Te amo” a los tres minutos de no saber mi nombre, me dijo que aquella canción había atravesado mas cierres que un hombre en muchos años.

 

Aquella noche, los muertos brotaban de mi garganta ebria, gritaban sus noches a través de mí, que repetía como el orgásmico loro del Diablo, los versos que eran himno de aquellas almas, las muertas y las vivientes. Yo los pude ver, graznaban también por la guitarra, esa bestia de hocico abierto; y en mis ojos escurrían algunas lágrimas de despedida por todos aquellos extraños de esa habitación extraña en aquel lugar extraño, de nobleza tan extraña, pero que tanto amé.

 

Aquella noche, la noche de la cerveza de Cervantes, entre las alucinaciones etéreas que regala el florecer etílico, leí con mi voz ya casi muerta, borrada de casi sangrar, un manifiesto de amor, de amor por mis amigos muertos, algunos en mi compañía, que alguna vez escribí. Salió con sangre, como todo lo que sale de borracho alguno, salió con la voz muerta para poder atravesar el Mictlan sónico de mis abuelos y alguna que otra pantaleta.

 

Un aplauso estruendoso me rodeó cuando creí terminar; una lágrima me despidió de mis muertos, por fin, y me saludó de mano con la botella en párvulos, acabada destapar.

 

El poema terminaba con puño y letra. “Gracias por la noche, y que sea… una de tantas”.

 

Algo decía, mas hoy no lo recuerdo. Algo como esto, puedo creer.

 

 

En una hoguera mi poema,
la noche sentada en la basura
se calienta los nudillos
la luna es su diente flojo, su perra mansa,
la luz triste del borracho;
te vi enloquecer por mis palabras,
siento la culpa de los videntes,
te entregaste por un
poema que nació
en un burdel de la Obrera
a las cinco sin clemencia;
bajo las aspas de un
ventilador lastimado,
junto a la foto del Papa
-abuelo de los católicos-, de boca de los ángeles
patriotas que me apuraron,
caíste antes de comértelo a leídas…
ni mi rostro te sabías mucho
menos mi espíritu.
ya vivías a contraley, a moretones, a cinturonazos,
ya eras rebelde desde entonces
y cargabas tu libreta llena de rabia, de pedazos de tu
vida en el auto-exilio;
tenías enemigos que hoy encanecieron y se oxidaron con sus sermones
tenías prisa en morirte de fiebre, en quitarte lo virgen de encima
y me inventaste para conocernos en la calle obscura…
en la hora prohibida.
 

 

-José Cruz

 

Oct 21

Ayer fui a tocar al municipio de Tarandacuao, limitante con el estado de michoacán.

Antier en la tarde me contrataron.

A las 10 de la mañana me entregaron un bonche de partituras (¡!) de jazz (¡¡!!) y que las tenía que tener listas a las cinco para irnos a tocar (¡¡¡¡!!!!).

Ensayé las melodías como un maldito empedernido para que despues me dijeran que nomás iba a hacer el acompañamiento.

Nos perdimos de ida.

Llovió.

No ensayamos nada. Nada.

No teníamos bajista.

Tocamos de la jodida.

Yo toqué de la jodida, realmente me avergoncé, pero todo ese ambiente era muy estresante. (que no es dispensa).

Aquel lugar es un rancho.

Nos dieron de cenar una triste pizza.

De regreso nos perdimos.

Llovió.

Me quedé sin camión de Celaya a Comonfort.

No tenía llaves de mi departamento en Celaya.

No había taxis.

Me llovió a la media noche -otra vez- sólo, con frío y sin a donde ir a pasar la noche.

Tuve que llamar a un tío para que me dejase dormir en su casa.

Me vio tan jodido que a la mañana de hoy me dió un billete de a 50 para “que no anduviera sin nada en la bolsa”.

No pude regresar a mi casa porque tenía que producir radio al medio día.

Regresé a mi casa hasta hace dos horas.

Apestaba como no tienen una idea.

 

 

Ni modo. A lo hecho pecho y perro el que se raje.

…Lo bueno es que ya me bañé.

         

 

Oct 16

Una migración a Wordpress 2.0.nosequé permitió la importación de Blogger.

 

Hay muchas categorías y post borrados porque no mandaba imágen, pese a todo ahí esta un muy buen material para recorrer.

 

Ahora sí, querido lecotr, puede usted pasear por el 99.9% de Aechenia Karum Nae, Aékana para los cuates.

 

Ágalo y sentirá como vuelve un boomerang de sentimientos hacia su alma, sea un completo inquilino de este weblog que hoy puede decir (y comprobar) cuenta ya con más de un año de antigüedad.

 

Diviértase, diviértete.

 

Me halagaría mucho.

 

Atte: El dueño, suyo de letras, Xoconostle Cósmico.

Oct 15

 

 

 

El tal Papa canonizó hoy a 27 ignorantes de la guerra cristera, conflicto cristero, la crisrtiada o como le llame usted a ese conflicto que se desarrolló entre 1926 y 1931 en los estados mexicanos de Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Querétaro, Aguascalientes y Zacatecas.
 
Resumiendo el conflicto:
 
El Presidente en aquellos días, Plutarco Elías Calles, reformó el Código Penal.         
 
La Ley Calles de 1926, expulsa a los sacerdotes extranjeros, sanciona con multas y prisiones a quienes den enseñanza religiosa o establezcan escuelas primarias, o vistan como clérigo o religioso, o se reúnan de nuevo habiendo sido exclaustrados, o induzcan a la vida religiosa, o realicen actos de culto fuera de los templos. A los pocos días se dictaminó sin pelos en la lengua que todo culto dentro de la República Mexicana era delito.

La revolución seguía viva y los gobernadores de los estados eran militares revolucionarios que en el ejército estaban al servicio del general y ahora eran funcionarios al servicio del presidente. Es el principio del maximato.


Los gobernadores de todos los estados aplicaron mano enérgica contra el clero, pero en los estados antes mencionados ocurrió la particularidad de que la gente se levantó contra el gobierno para defender su fe, creando una pequeña guerra civil. (Pequeña porque fueron apenas seis estados de 32).
 
Esto los rusos también lo implementaron, ojo, para la joven U. R. S. S., México siempre fue referencia.
 
Hubo muchos muertos y al final, agravado el conflicto por la prohibición del alcohol (al estilo gringo) detonó con algunos acuerdos entre los que se fija que la iglesia no puede tener propiedades (todo templo mexicano se encuentra en terreno federal), sólo concesiones restringidas, los clérigos no pueden votar ni incitar políticamente al pueblo, y entre otras cosas en el país hoy es día que no existen monasterios, son también ilegales. México es más revolucionario de lo que se piensa, de hecho uno entra a las instalaciones del ISSSTE y se puede imaginar las instituciones de salud de la Rusia del siglo XX.
 
Hoy por la mañana Benedicto canonizó a 27 de esos “cristeros” defensores de su fe.       
 
Afortunadamente eso ya no importa mucho en la sociedad de un país con una minoría cada vez más conservadora pero una mayoría sumergida en un túnel directo hacia el ateísmo que crece más con cada generación.
 
Y a pesar de todo, aún lo considero un hecho desmoralizante.
 
Lo es porque esos mismos estados hoy día siguen siendo altamente mochos.
 
Vivo en un estado de gente mocha, cuya salvación era el festival cervantino cada vez más mocho y ahora con un chingo de santos mochos. Qué vergüenza, ojalá y de mí cuando muera no se diga algo como lo que yo digo ahora de ellos, tengan todos la seguridad de que todo lo que hago desde que me levanto lo hago para no acabar siendo eso.
 
¿Nunca nadie escribirá algo como ésto sobre mí? No lo sé y trabajo para que nunca. Pero algo sí sé y es que jamás voy a ser canonizado (por la iglesia que conocemos). Y eso…
 
Ya es ganancia.
 
Mucha.

 

 

Oct 14

“Me quiero cagar en la banqueta”.

 

 

Oct 13

Quinientos catorce años más o menos es lo que a la mayoría de los americanos (sólo aztecas, aimaras, purhépechas, incas y mayas, los demás no sé) nos ha tomado recuperar la esperanza de vida de entre 70 y 76 años que se tenía antes del contacto con el hombre blanco (si no se era guerrero, claro está).

El nativo americano esgrime no haber conocido enfermedad (por lo menos mortal o epidemia) antes de la llegada de los españoles. Pero uno que vive acá y conoce a su gente puede asegurar que no es así. Simplemente es que aquello a lo que los españoles llamaban enfermedad, los nativos denominaban como “hechizo”, o “posesión demoníaca”, “brujería” o el famoso “mal de ojo”. Una persona sufría de una gran impresión, se asustaba ante algo, un asalto, un asesinato, un terremoto, etc. De esa persona a su muerte se podía escuchar: “Pues era el muerto que la asustó, estaba bien mala del susto. Nomás después del susto se puso amarilla, amarilla; y se fue enflacando hasta que se quedó ciega y se murió”. La realidad era que aquella persona por la impresión tan grande sufrió de una hipoglucemia fatal que derivó en una diabetes. El diabético que no se cuida muestra ese semblante amarillo y enflacado, como, precisamente, de “espatao’”. El diabético es una persona débil, no asimila las azúcares, pero el cuerpo sabe que le hace falta y por eso la busca. Aquello es un espantado buscando azúcar. Un diabético buscando la muerte (y si tenía alcohol, mejor). Hoy en día aún son famosas algunas bebidas espirituosas (con nombres de santos comúnmente) que afirman son curas para “el susto”, o “el mal de ojo” que ciertamente no son más que alcohol, agua y azúcar. Cosas así debe haber miles que desconocemos, pero por hoy dejémoslo así.

Hay dos cosas que mi conciencia humana no ha alcanzado nunca. Primero: Es muy difícil para mí entender que hace quince generaciones solamente mis antepasados hablaban otra lengua. O mejor dicho, otras lenguas, que el español que he leído en los apuntes de Don Hernán Cortés es muy diferente aún al de Don Quijote; las mismas divergencias que se tienen universalmente entre los idiomas: la estructura y usanza de los verbos ser, estar, haber y tener.

Es decir, suponiendo un mínimo de tres razas en mí (mexicano promedio) (amerindia, africana y europea) hay demasiada inexactitud. “Amerindio” es solo el nombre para un grupo de razas muy distintas (no es lo mismo un yaqui que un maya), y probablemente mis antepasados amerindios eran trilingües, pues vivo en una frontera entre los antiguos imperios purhépecha y azteca y la frontera de estos con aridoamérica (chichimecas del natahí (tribus chupícuaras y pames) y huastecos). Es decir, probablemente hablaban tarasco, náhuatl y/o ñaañú.

Por otra parte Guanajuato es un estado minero y la presencia de negros debió ser manifiesta (aunque no tanto como en la costa veracruzana). Lo más probable es que estos hablaran alguna forma antigua de swahili o hausa.

El hecho de que la mayoría de los antepasados hablaran lenguas aglutinantes tan pero tan distintas de las analíticas como el español es algo grueso como para asimilar, es difícil pues hacer conjeturas sobre su modo de pensar.

Ni que decir de los españoles con su mestizaje de celtas, árabes y romanos. Mas es también incierto el proceder español de mis antepasados, pues hasta los tres asentamientos que tengo registrados históricamente hay de tres: vascos, castellanos y sevillanos.

Otra cosa: los mayas y los aztecas sí conocían la rueda (al contrario de lo que algunos afirman), lo que pasa es que no tenían bestias para darle verdadera utilidad a la rueda. En su lugar tenían una casta de hombres pequeños y anchos para el trabajo de carga. Si los descansaban con la rueda se podían rebelar, había que mantenerlos cansados. Idea muy del pensamiento moctezumiano.

Segundo: No me imagino cómo es vivir en un continente horizontal. Simplemente no.

Para cambiar de color de piel se requieren veinte mil años. Es decir que si no nos movemos de residencia los sudafricanos (descendientes de ingleses) van a acabar siendo negros, los estadounidenses acabarán siendo rojos y los blancos de centro y Suramérica acabarán inevitablemente de color bronce.

Muchos ven la fecha (12 de octubre) con desprecio, con un odio pequeño pero envenenado de siglos a los españoles, no lo voy a negar. Sucede frecuentemente entre la gente de baja educación que suele ser el grueso de la población. Es el precio de enseñar una historia de buenos y malos a los niños (Y no es malo ni es el problema en sí; es la única forma de enseñar historia a un niño, con buenos y malos; lo ideal sería no enseñar historia de México a los niños. Es un tema demasiado complejo para ellos y sus resultados son estos odios enterrados y falta de identidad, tan tristemente arraigada en el mexicano).

Yo agradezco, agradezco porque igual me agrada haya venido como sea, agradezco mi mestizaje. Agradezco mi boca y voz negruzcas, mis ojos moros, mi cabellera y corpulencia celtizcas, mi color azteca, mi carácter chichimeca, mi europeizado pensar (incluido un poco en el idioma) y el idioma mismo, que hablo con orgullo diciendo que la lengua es de quien la trabaja.

Sigo pensando somos la raza cósmica y el mestizaje deber ser ley mundial. De cualquier modo, y si no reencarna Don Hitler, es algo inevitable. Nadie lo va a parar.

P. D. Exijo enérgicamente el penacho de mi apá’ Moctezuma.

Oct 10

La música jamás domará fieras, esa es una falacia burguesa. La música crea fieras. Puede pasmarlas, distraerlas, enajenarlas, nunca domarlas, y si se sedujese por el sonido, si éste la inmovilizara, sería sólo porque por dentro despierta un monstruo aun mayor.    

Se alega también sobrenaturalidad en el arte. Se le atribuye misticismo y profundidades inaccesibles. Mentira. El arte, simplemente, una ciencia que se ha quedado sin ser estudiada desde la edad media. De ahí sus entenderes mágicos.     

La música que conocemos la hace el homo sapiens. La hace un animal. Nada tiene de misticismo. Es un acto natural muy parecido al de cagar que refleja nuestro ímpetu de perfección matemática necesaria para la supervivencia. Nuestra supervivencia. El hecho de que la música sea matemáticamente armónica nos causa (a un nivel subconsciente) placer porque encaja con el futuro que queremos y con esa decisión tomada en el pasado, en términos evolutivos. Es nuestra confirmación como puente funcional. Es por eso –tal vez- que algunas personas piensan que viene de algún dios. O de Dios. 

No hay artistas, sólo gente. No hay diferencia alguna entre Paulina Rubio y Pablo Picasso; pues el acto creativo es sólo un juego que puede desarrollar cualquier chimpancé. Siempre un juego, igual de placentero y pueril. El hecho de asociación de la obra a sentimientos no placenteros responde más bien a rubros psico-socio-culturales. De tal suerte que una persona no puede crear y tener un nivel devastador de tristeza a la vez. El juego sería imposible. 

 Es cuánto.  

      

Oct 9

Las manos sobre las cuerdas, arañan.

Las manos sobre la flauta, arañan.

El cenzontle sobre la rama, araña.

El hombre sobre la tierra, araña.

 

Qué eterna es esa empresa

La de cavar sin tener fin.

¿Qué buscan esos dedos

En la efímera tierra del deseo y de quizás?

 

¿Qué rito extraño es ese

Donde las uñas escarban

Y el cuerpo es el que cae

En lo profundo de la ingravidez?

 

 

¿Es eso?

¿Unas uñas buscando alas?

-Unas uñas buscando tierra.

 

 

 

-Unas uñas buscando a Dios.

 

 

 

-¿Unas uñas buscando tierra?

 

¿Escarban sobre las cuerdas

para llegar a Dios?

 

¿Dios vive en los instrumentos?

 

¿Dios vive en un bandoneón?

 

-¿Qué es Dios?

-Dios es un átomo.

 

 

 

Dios es un átomo.

 

 

 

(Eco)   -¿Qué es arañar, Papá?

-Arañar es hacer arañas.

Arañas geométricas.

Simétricas.

 

 

 

(/Eco).

 

 

 

 

Tenías razón Indigente. Morir es un arte, para lo que cavamos la tumba propia. Morir es la más simétrica de las arañas, donde el ángulo de nuestra anchura  se reduce hasta impactarse con el punto de fuga. El punto donde empezamos. No hay mayor empresa. No existe.

 

Oct 8

   

“Gabino Barreda no entendía razones andando en la borrachera…
Usaba pistolas con seis cargadores, le daba gusto a cualquiera.
Usaba el bigote en cuadro abultado, su paño al cuello enredado;
Calzones de manta, chamarra de cuero, traía punteado el sombrero.


Sus pies campesinos usaban huaraches, y a veces a raiz’ andaba…
Pero le gustaba pagar los mariachis, la plata no le importaba.
Con una botella de caña en la mano gritaba “¡Viva Zapata!”
Porque era ranchero el indio suriano, era hijo de buena mata.
  Era alto y bien dado, muy ancho de espaldas, su rostro mal encachado…
Su negra mirada un aire le daba al buitre de las montañas.
 
Gabino Barreda dejaba mujeres con hijos por onde’ quiera,
Por eso en los pueblos donde se paseaba se la tenían sentenciada.
 Recuerdo una noche que lo asesinaron, venía de ver a su amada,
Dieciocho descargas de máuser sonaron sin darle tiempo de nada.
Gabino Barreda murió como mueren, los hombres que son bragaos’.
Por una morena perdió como pierden los gallos en los tapados.”
 

Esta es la canción que se puede escuchar o descargar de arriba, un corrido revolucionario que grabé hoy en la mañana en una fiesta de rancho, para ser exacto, en el Santuario de Atotonilco, San Miguel de Allende, Guanajuato. El mismo santuario donde Hidalgo tomó el estandarte de la Lupe pa’ jalar a la indiada. Sus murales tequitqui cuentan con inscripciones en latín y español antiguo que me fueron indescifrables, pero traje esta grabación casera para usted, querido blogadicto. Tomada con una modesta grabadora para voz, pero por lo mismo de una calidad asombrante. El corrido es interpretado por una banda de jóvenes, contrario a lo que se suele ver; afinados y cuadrados, como tampoco es frecuente, y con repertorio no solo sinaloense sino del estado y de época. Un alivio que aún se fabriquen músicos dignos de cualquier orquesta en los ranchos del bajío.  

 

 

 

Oct 7

Mi posición ante lo sobrenatural es ambigua. Pero desde ya adelanto que no creo que exista algo más allá de la vida. Uno muere y ya no existe como individuo, sino primero un bulto de alimento para otros seres vivos y al ser digerido, ser finalmente parte de eso seres vivos, nada más.

Tampoco creo en esos que se convencen sin un claro método científico de que “de alguna manera” es electromagnetismo estancado en habitaciones, respecto al fenómeno espectral.

Tengo un manifiesto acerca de ello, e ignoro quién lo hizo. Es un monólogo que aparece al final de 99.9 que según recuerdo estelariza María Barranco. Es una película poco conseguible por acá, y aunque un poco del monólogo recuerdo, no me siento en facultad de explayarlo como se debiera.

…porque conocen nuestros pensamientos, se manifiestan de acuerdo a nuestros deseos. Es por eso que a veces pueden ser atraídos por los sueños, y acaban aprisionandos en otra forma, quedándose ahí atrapados… sin que nadie pueda ayudarles. Porque para nosotros son nada… o casi nada…

Recuerdo las últimas palabras, solamente. Realmente son las menos relevantes, pero las más bonitas.

Me he asustado en muchas veces, claro, como todos –quiero creer-, pero sólo me han pasado dos cosas altamente extrañas, mas ninguna me causa miedo al contrario de lo que se supone.

Resumiendo –ya me extenderé si así lo quieren ustedes (y si creen que no se aburren), amados lectores, en otra ocasión-, durante un viaje-peregrinación en el que a mi padre se le pidió videograbara todo el trayecto fue lo primero. Era un viaje donde todos andaban a caballo, pero por la filmación se nos facilitó una camioneta.

La peregrinación tenía como meca un rancho llamado Terreros, en el municipio de San Miguel de A. De una lejanidad que albergaba los terrenos más inhóspitos que yo conocí hasta aquel momento. Frío de 4º C por la noche, y 40º C al medio día. Duración: 3 días de ida y 2 y medio de regreso.

Había, lógico, terrenos donde sólo se podía ir a caballo, y en esos tramos la camioneta donde íbamos mi padre y yo, tomaba un rumbo alternativo. En aquella ocasión hubo una de estas separaciones que representaba más o menos una hora de camino para los caballos y tomando la desviación, una hora también en camioneta. La idea era encontrarnos del otro lado.

Eso no pasó.

Habíamos separádonos siendo las 4:30 de la tarde, se acercaba el atardecer a las 6:35 y no aparecían los de a caballo. Era preocupante, la noche se acercaba y la camioneta no sólo cargaba el equipo de filmación, sino que también la comida y las cobijas de los cabalgantes.

Un hombre muy gallardo en un caballo tinto se acercó a nosotros.

-¿Qué están esperando ahí, mi amigo? –preguntó a mi padre.

-Pues esperando a unos canijos de a caballo.

-¿Cuántos eran más o menos?

-Hombre, pues… yo calcularía unos cuarenta.

-¡Ah! ¡No, mi compañero! ¡Esos hombres ya pasaron!

-¡¿Cómo?!

-¡Sí! Pasaron hace cerca de media hora.

Los caballos eran nuestros guías y a media sabana no sabíamos a dónde dirigirnos para hallarles.

-¿No vio usted para dónde agarraron? –mi padre pregunto.

-Pos’ ahí nomás derecho, no han de andar muy lejos iban a paso quedito. Bueno, nos vemos porque ya me tengo que ir a arriar unos bueyes.

-Ándele muchas, gracias.

Se fue.

Alcanzamos a los cabalgantes que ya se habían hecho a la sombra de un mezquite grande. Repartimos comida y la filmación de rutina. Los hombres dijeron no saber quién era el gallardo aquel.

Al segundo día pasó una separación similar, y aunque esta vez sabíamos el paradero de los caballos, había un obstáculo. Una cerca de gruesos alambres de púas clavados con material férreo en postes de mezquite y roble profundos. Pasar nosotros era lo de menos, pasar la camioneta, eso era otra cosa.

Llegó el hombre gallardo otra vez.

-¡Quiúbole’ mi amigo, nos volvemos a encontrar! –saludó. –Quítelos, hombre (señaló los postes).

-¡No! ¿Y luego el dueño si se enoja?

-Je, je, je, yo soy el dueño, mi amigo; mire, todo eso que usté’ ve, (extendió el brazo y el índice en recorrido horizontal de 180 grados) todo eso es mío.

Mi padre dudó, pero ultimadamente era un agujero pequeño y pues qué más daba. Quitó dos troncos con ayuda de aquel hombre que al terminar se fue.

Alcanzamos a la caballada y ahí, en la fogata nocturna nos encontramos al hombre aquel, transcurría la filmación, conversábamos, jugábamos baraja, todos tomaban menos yo, chales, nada se volvió a suscitar en problemas de circulación.

El día de la edición del video-tape, pasó lo inconcebible. El hombre no aparecía en las filmaciones de aquella noche. Sale en la cinta la gente que tenía al rededor, sale mi padre hablando con él, haciendo preguntas y riendo, pero no parece tener interlocutor. Simplemente el hombre no está, no aparece, no se oye, no nada.

Todos los cabalgantes lo vieron, y cuando presenciaron el suceso en la cinta, todos dijeron que era “San Santiaguito” –santo patrono de Terreros y motivo de la peregrinación.

Sí, a mi también me parece una completa mamada.  Pero qué carajo, es cierto. Ignoro el motivo, es algo que hoy día no logro comprender al ver esa cinta. Nunca lo lograré.

Ya estando adentrado en años, venía con mis padres y una migo de mi papá llamado Cayetano (de aires místicos por andar siempre en estado etílico) de regreso de un festival de huapango en Querétaro. 

  

Madres, el carro se descompuso. 

  

No hallábamos la causa y las horas se nos iban, otra vez la noche nos amenazaba con llegar. 

  

Una camioneta se detuvo, no sabíamos si a ayudarnos, por lo que yo desconfiado, fui a la cajuela a tomar un machete muy sigilosamente. 

  

-¿Qué pasó, güey? –pregunto el conductor a mi padre, traía la camisa desabrochada y un fuerte olor a alcohol, aún más penetrante que el de Cayetano. 

-Pues esta madre que no quiere jalar… 

-No me diga, ¡A ver, Pitirrin, tráeme mi navaja de rasurar! –le ordeno a su muy joven copiloto. 

  

De inmediato pensamos que iba a sacar un arma para asaltarnos, por lo que empuñé muy bien el machete y escabullí hacia un lugar donde pudiera atacar cómodamente. No era paranoia, mi padre también se mostró muy nervioso cuando vimos que la “navaja de rasurar” era una completa cimitarra de 30cm de largo y 10 de ancho. El único que pensó que iba a sacar un rastrillo fue Cayetano. 

  

No nos asaltó. Le peló los cables a la batería y el carro arrancó. Nuestro error era de primaria, ciertamente nos avergonzamos mucho. Cayetano dijo: “Pero hombre, como no se me ocurrió, yo que era taxista en Monterrey, ¿Ya te conté como choqué mi taxi, Juanito?…” Me lo había contado como veinte veces. 

  

Muy agradecidos nos despedimos, pero aquel hombre nos ofrecía su casa para quedarnos, nos dio su dirección en una tarjeta y todo, incluso nos regaló una caja de chicles, porque dijo que tenía una tienda y que se fue a surtir. 

  

Al año siguiente regresamos, y quisimos pasar a saludar a aquel hombre en la dirección que nos había dado el año pasado en aquel camino. Oh, cruel y demente sorpresa. A la entrada de la “tiendita” que dijo que tenía, leímos un letrero que decía: “Panteón municipal de San Joaquín, Querétaro”. 

  

Cayetano no fue con nosotros. Murió meses después del regreso por desangramiento anal y vómito que precedieron un ataque al hígado, después de meses de luchar contra la cirrosis hepática. 

  

Eso fue lo que pasó, claro pudo haber sido una equivocación de cualquiera de las dos partes o una broma, pero en este mundo uno ya ni sabe. 

  

Y bueno, en vez de vender la exclusiva o esperarme hasta el dos de noviembre se los cuento desde hoy pa ver qué dicen. 

  

Si no son sobrenaturales estos eventos –que me resisto mucho, como no tienen idea a creerlo- por lo menos son muy buenos recuerdos para mí. Uno de un viaje de Hombres con mi padre cuando yo tenía siete años, y otro con mi familia, los pantalones largos, y un gran amigo que ya no existe más fuera de nuestras mentes.