
El marxismo actual se enfrenta hoy a muchos enemigos, de los cuales logro condensar solo uno general: la cristalización.
El periodo de Stalin al frente de la Unión Soviética trajo consigo y dejó para la posteridad la idea de impartir el socialismo como una doctrina, como una serie de pasos rígidos, un sistema de leyes inexorables y anacrónicas aplicables a todos los problemas de la vida (Algo que suelen hacer los dirigentes cristianos con la Biblia).
Así muchos socialistas convirtieron al Manifiesto y a El Capital en libros de cabecera que contenían las respuestas a todas las preguntas y la solución a cualquier problema. Ese fue el principio de la cristalización.
De la caída de la U.R.S.S. y la del muro de Berlín en adelante vinieron todas las consecuencias: las millones de refutaciones hacia esa “fruta cristalizada” que era lo que se entendía como marxismo, que ahora el mundo en manos neoliberales, veía como lo que era esa fruta exactamente: algo anacrónico.
Cito dos de esas críticas: “Marx se equivocó, dijo que la revolución socialista iba a ocurrir en los países más industrializados de su tiempo como era el caso de Francia, Inglaterra y E.U., cuando pasó totalmente lo contrario; se realizó en los países más cercanos al feudalismo: China y Rusia”.
“El marxismo se ha equivocado, había predicho que el mercado capitalista iba a experimentar ondas de crisis cada vez mayores, cada vez más largas y cada vez más seguido, cosa que no ha pasado aún y no se ve que vaya a pasar”.
Ambas cosas, si se les ve desde el punto de vista bíblico que se tiene del marxismo cristalizado, son ciertas. Esas dos cosas se leen en el Manifiesto del Partido Comunista y no han pasado ni creo que vayan a pasar.
Tras la muerte de Marx, Engels declaró que “en parte era descuido de los dos haber dado a entender el socialismo como una teoría meramente económica”. De ahí en adelante (“en adelante” entiéndase hasta la muerte de Engels) se procuró dar más difusión a los textos que tenían más que ver con los otros dos aspectos pinaculares del marxismo: la filosofía y la política; dando así mayor circulación a textos como “Dialéctica de la naturaleza”, “El papel del trabajo para la evolución del mono en hombre”, “Del comunismo utópico al comunismo científico”, etc. Dejando de lado los textos economistas, que son más propensos a caer en el anacronismo. Me explico.
La cristalización (Stalinista y post-Stalinista) ha hecho que los textos centrales del análisis al marxismo hayan pasado a ser El Manifiesto del Partido Comunista y El Capital, textos cuya esencia está irremediablemente mezclada con el preciso contexto histórico de su época de edición, el cual es ya inútil para fines de la praxis. Es hoy imposible realizar una revolución si se sigue al pie de la letra el Manifiesto así como es imposible hacer un análisis económico veraz a través de El Capital.
¿Y cuál es la esencia? ¿Acaso queda algo del marxismo tras la obsolencia histórico-económico-político-social de estos dos “Pilares”? ¿Qué es eso que escapa a todos los ataques al fruto cristalizado? Respuesta (un tanto) sencilla: La dialéctica, el materialismo histórico y la praxis.
Estos elementos “son instrumentos teóricos para enfrentar de forma creadora nuevas realidades” (Martha Harnecker Dixit).
Y es que la praxis misma de cualquier corriente filosófica aspirante a un nuevo orden político (Marx, Platón, Nietzsche, etc.) acarrea consigo el peligro de ser “cristalizada/dogmatizada” con fines subjetivo-políticos, es decir, con el fin de la realización de la praxis misma (o lo que es lo mismo, sólo con el fin de acabar lo empezado a como de lugar). Situación que a la larga irremediablemente se verá lejos de la esencia generadora.
En el caso del socialismo y Stalin, la praxis se dogmatizó para evitar levantamientos y el aspecto inconciente de este uso (y su posterior transformación en barco a la deriva tras la caída del bloque soviético) de la teoría marxista acabó en una ruptura con la dialéctica, con la Ciencia de la Historia. Es decir, como era de esperarse, no logró encajar en todo contexto histórico y todo contexto social de cualquier país como se hacía creer.
El peligro existe, pero de los errores se aprende; la dialéctica es la herramienta que permitirá generar nuevas tesis acerca de nuestra situación económico-histórica e instrumentar nuevas praxis, evitando que el marxismo –que es antidogmático- se convierta en un dogma nuevamente.
Será que como dijo Althusser: “Cuando todos han pensado superado el aporte teórico de Marx y al marxismo como una ciencia acabada, en realidad la obra de éste no ha sido superada, al contrario: ha sido subutilizada”.
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