Buenas tardes, es medio día en Ciudad Polvorón y nos encontramos en el microbús ruta Francisco Juárez, el cual pasa por un crucero donde se trabajan al mismo tiempo un puente y un desnivel causando el tráfico más enconado y lento que haya experimentado esta la ciudad con más autos en el país.Justo aquí, de pie la mujer bajita y de edad muy avanzada cuya humanidad es más que poco esbelta, hace por mantener el equilibrio entre sus carnes y las tres bolsas engordadas con el mandado -que se desparrama- y una jaula con pajaritos ruidosos, dada la demografía del micro que la obliga a ir parada, se agarra de un tubo como puede mientras pone su arrugada cara en gesto de oler caca, principalmente a los hombres.
- Doña Hortensia ¿Cómo le va? ¿Está disgustada porque no hay un solo caballero aquí que le ceda el asiento, verdad?
-Buenas tardes, joven. Sí ¿Cómo ve? Ya no hay así como asté dice, caballeros como endenantes. No les importa si uno ya es viejo, si es mujer. Nomás miran pa’llá pa donde no lo miren a uno.
-Entonces le parece que así debe ser, hay que dejarle el asiento a mujeres y ancianos ¿no? ¿Por qué?
-¡Cómo que por qué! ¡Pos porque así debe de ser, posn! ¡¿On’ tan’ los hombres de verdá? Ya no hay d’esos, no!
-No pero así dígame bien porqué.
-Pos porque una de mujer es más débil que los hombres, ellos aguantan másn. Y una que ya está vieja ya le duelen las rodillas, ya se cansa más uno, vian de pensar.
-¿A usted le tocó, allá por los treintas, vivir el reparto agrario?
- i. Yo y mi señor hasta llevamos pollos y puercas que teníamos cuando dijo el presidente… Cárdenas, se llamaba el presidente. Cuando dijo el presidente que había que pagarles el petróleo o no sé que tanto a los gringos pa poderlo… pa poder… pos ansina que fuera de nosotros ya todo puesn. Había que servirle –Òigame bien joven- dijo que había que servirle a la patria.
-Entonces a usted hay que cederle aquí en el micro el asiento porque como quien dice ya sirvió a la patria.
-Sí, uno ya dio lo que pudo, ya hizo lo que hizo, ora lo que toca es descansar.
-Si no es mucha intromisión, Doña Tencha, ¿Porqué ya a su edad no está descansando allá en su casa?
-Pos es que vine comprarle flores a mi virgencita de mi barrio, y luego más cosas porque ya va a ser la fiesta de San Francisco y le hacemos su fiestecita y luego la velación y los rezos y el atole…
-Aparte de las puercas, Doña Tencha, ¿Cómo considera que sirvió usted a la patria?
-Pos ire. Antes se decía que había que hacer patría y pos pa eso había que tener hijos (risillas) pa empezar.
-¿Cuántos hijos tiene?
-Se me murieron cuatro, ya nomás me quedan once.
-¿De qué se murieron esos cuatro?
-Ire, dos se murieron allá en el desierto, en el norte, una muchacha y un muchacho. A uno me lo mataron y otro chocó en su camioneta.
-¿Cómo eran ellos?
-Los que andaban pal’ norte no les gustó la escuela, se salieron de tercero y los les dije pues ándenles pues, váyanse a trabajar. Al que lo mataron lo mataron en una cantina y el que chocó andaba bien borracho también.
-¿Qué es de los otros once?
-Pos cuatro ni sé, se fueron pal’ norte hace cinco años y ni un… pues así ni una cartita o algo ni nada. Nomás dejaron ai’ a las mujeres mis nueras y los chamaquillos. Los demás ahí andan, las muchachas pos se embarazaron y se casaron o se arrejuntaron, el marido se va al norte y regresa y así, los muchachos andan aquí y allá en las fábricas o los colados o por ahí de borrachillos.
-¿Y su señor?
-Mi señor ya se murió en gloria esté. Se murió de cirrosis hace como veinte años.
-¿Usted cree que con todos esos hijos, toda esa historia de vicios que tiene su familia le hace o le hizo mucho bien a la patria?
-…
-¿Cree que se merece que le cedan el asiento?
-¡Pos sí joven pos no le digo que ya estoy grande, ya me canso!
Para el Pasquín Ficticio, Xoconostle Cósmico.
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