Alguien insta a graficar la mediana, quizá números o personas. Suena un discreto chiste de pasillo. Un tipo no sabe si su mujer está embarazada mientras se lava las manos. Suena una llamada lejana, contestan que más tarde. Un hombre manda un mensaje de texto.
Alguien -es un decir- insta a graficar la mediana, quizá números o personas, no importa. Alguien borra la diferencia porque aquí no importa la diferencia, sino la mediana. Suena un discreto chiste que propaga corbatas felices y falaces por el pasillo. Alberto no sabe si va a hacer feliz a su abuela mientras se lava las manos. Suena Dios al teléfono, contestan que más tarde. Un hombre dice que ama a su hermana menor.
Alguien insta a matar la vida con papel cuadriculado. Se sonoriza la consolidación de la convivencia entre pendejos oficiales. Alberto acaba de reprobar un parcial mientras se lava las manos. Suena el Diablo en la línea tres, contestan que más tarde. Un hombre acaba de llevarse estadística a recurso.
Alguien cansa al mundo y no lo sabe. Se oyen risas de muertos que no se saben como tales. Alberto no sabe. Dios y el Diablo tampoco saben, cuelgan y vuelven a la cama. Un hombre acaba de llevarse estadística a recurso y escribe algo de esto en un móvil para su hermana menor, que está en el pasillo después de dejar a sus alumnos graficando la mediana. Su esposo se llama Alberto.
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