May 21

Me llegó la iluminación al salir de la FeNaL.

Las tribus urbanas luchan por mantener una “vanguardia posmoderna” que en principio es imposible, ya que si bien una de las principales características de este concepto es un compromiso riguroso con la renovación, también lo es la desconfianza ante los grandes relatos/discursos/corrientes (punk, dark, skate, etc).

Otro de las características del concepto es el sincretismo. No hay nadie más sincrético que los emos. Han tomado -del modo en que haya sido- elementos de todos sus predecesores sociales, causando escosor entre las tribus urbanas al destapar sus falsedades, léase la negativa a la renovación, desconfianza en los grandes discursos y el sincretismo.

El emo ha logrado caricaturizar “en sus verdaderas dimensiones” a las demás tribus. De la falta de argumentos viene la violencia.

Cierto es también que los emos han creado su propia gran corriente, son pues -a fin de cuentas- otra tribu, mas son una tribu con un sincretismo superior al de las demás y con la suficiente fuerza como para crear identidad colectiva a nivel masa (Todo chico que no encaje en las demás tribus es un potencial emo). Un sincretismo tan sin igual que le asegura al movimiento vigencia demográfica y evolución.

El emo ha logrado masificación. Del miedo a la superioridad numérica viene la violencia.

El movimiento emo no tiene ni pies ni cabeza, por eso mismo su renovación (en la dirección que sea) es segura. Si bien los “gran discurso” de las tribus no suelen ser grandes en realidad (no pueden de modo alguno acercarse al concepto de corriente filosófica), el de los emos lo es menos. Esto pone a su discurso automáticamente en fase beta, aún en gestación y por ende con vigencia segura y una caducidad muy lejana dado a que por estar en crecimiento tiene la posibilidad de corrección sobre la marcha.

El emo ha logrado, a base de su amorfismo, asegurarse la supervivencia. Del cuadrado miedo a lo amorfo viene la violencia.

Los emos son unos chingones, son mártires de la posmodernidad. Que no esten conscientes de ello es otro pedo.

Bueno, estos argumentos se adelgazan a ratos… pero es una buena tesis.

Ago 21
Lo he dicho muchas veces, un dark es un punk burgués. Nunca con afán insultante, como sí explicativo… aunque quién sabe.

Comienzo por referencia en esa línea de lo burgués y lo victoriano, relacionado con la época de revolución industrial (un poco post) que le tocó a Stoker donde por cierto, me imagino se hace más fuerte (y de ahí nunca volvió a bajar) el uso del despectivo Nuevo Rico.

En esa época los nuevos ricos eran reconocidos sí de cerca por sus hábitos que mucha risa debieron causarle a cualquier corte, también desde lejos por su gusto arquitectónico, que al contrario de lo victoriano de líneas rectas y sobriedad, sentía gran atracción por los diseños redondos y garigoleados.

Esto me dispersa por varias opciones de contraste, por ejemplo, lo anterior me recuerda a todas esas imagencitas de ángeles dark súper modelo llenas de halos negros y nubes de luz-burbuja (que francamente son sólo emo sin rosa y refleja muchos de los traumas estéticos de quien los colecciona ya en grandes cantidades) y su contraste con lo que era el dark de los ochentas. Incluso mayor el contraste con los punks, que para estos efectos tienen las barras de la bandera inglesa, las greñas paradas, muchos picos y guitarrazos en vertical. Adivine usted quiénes son los nuevos ricos de los diseños curvos.

Abordo los temas gráficos no por falta de profundidad, sino al contrario, por su gran carga semiótica y porque yo soy de los que dicen que lo que sucede en la superestructura se origina en la infraestructura.

El nihilismo inherente a esta sociedad en particular supondría un desemboque en lo minimalista, reduccionista incluso hasta la extinción y convertirse en un antiarte cualquiera como el anticine, que al tiempo que lo “destruye” lo pone a la “vanguardia” por lo “revolucionario” de la teoría, y termina siendo una vanguardia de la nada, atorada en el cuadro 25 del último segundo donde todos dicen que goza de gran vitalidad y hasta festivales y todo pero no se mueve. Porque el anticine mismo lo dice, el cine no se mueve nunca, sólo finge que hay movimiento.

Con el goth ha pasado no lo contrario como espejo de frente, sino lo contrario como espejo de abajo. Es decir, está atascado igual, pero nunca cayo en el nihilismo maduro como sí en profecías agustinianas de leones, dragones, pegazos, otros mundos y héroes con espaditas: El power metal.

O mejor dicho: el virtuosismo. ¿En qué momento Nina Hagen se convirtió en Steve Vai? Probablemente en el momento en el que Cobain mordió la escopeta.

Alguna vez le propuse a un cantante de goth tocar “Walk away” de The Sisters of Mercy, pensando su servidor que ningún dark (por congruencia) se negaría a tocar algo de la casa, del origen. No pues no. “No, nosotros ya tocamos cosas más elaboradas”.

Tiempo antes le pregunté a una estudiante de ópera admiradora de Nightwish que si no cantaba ópera francesa, alemana u otros géneros, quizá ranchero, pues se necesita voz potente. A eso su respuesta fue “Pues sí, pero sólo las que me representan un reto técnico, como El Flautín del Pastor, todas las demás facilitas me dan como güeva”.
Se le puede llamar de tres maneras: Miopía o ignorancia. La otra ya la conoces.

En ellos no existe la capacidad de apreciar una pieza por su interpretación en tesituras, en capas artísticas, sólo la aprecian por la perfecta ejecución. En resumen, en cuestiones de música no saben leer libros sin dibujitos. Esos dibujitos son imponentes escalas de toda una orquesta sobre diabólicos solos de metal, y voces de varones virtuosamente agudas con gritos hostiles de cientos de bárbaros en coro: dibujos que incongruentemente con la oscuridad si no son llamativo-fluorescente, no valen la pena, como que dan güeva.

La misma miopía no los deja reconocer estos dibujitos en lo victoriano, que para este efecto de virtuosismo podría ser el progresivo, por lo que hay que darles la cerveza a chorritos, vino con el dedo y darles todo batido en algo digerible, tan digerible como tres tristes acordes básicos de un palurdo canto de guerra.

Saqué diez en geografía (Saqué diez en geografía), porque me senté junto a Sofía (porque me senté junto a Sofía) ¡Contando! (¡Uno! ¡Dos!), ¡Más fuerte! (¡Tres! ¡Cuatro!) ¡No los oigo!…

– Bart Simpson y su ejército entrenando.

Estos cantos de guerra son Epica, Rhapsody, Therion, Etc. Y aunque vistan a la mona con escalas y solos de seda, mona se queda y siguen siendo tres acordes básicos distorsionados en n direcciones.

Cánticos marciales que nunca han sido superados fueron los himnos de guerra del punk setentero-ramonero, y macabramente esto terminaría emparentando a Epica con Avril Lavigne. Esto significa que no han “evolucionado” desde el punk como quieren aparentar sino que, como dije, son simplemente punks burgueses que gustan de los enrejados de bolitas negras.

Ago 13
Presuponen un luto generalizado, que va desde los adentros de su infancia hasta lo más nimio de sus calzones y collares. Tienen dos referentes tan simples de diferenciar pero tan cruzados en la historia del hombre que separarlos es un desafío que algunos dicen hacer con facilidad y otros han pasado veintitantos años tratando de lograrlo: la oscuridad antigua, el canto muerto y rúnico de los godos que suelen combinar con todo aquello que esté emparentado con el concepto de lóbrego, es decir, desde la elegancia de los dragones efigie en el castillo del drácula dentro de la imaginación popular, hasta los lobos que brotan de una imagen francesa del siglo XVI con mujer negro cobalto, luna blanca y ropajes en rojo brillante, como anunciando algún perfume (francés) en el alto contraste de algún video de Ramstein.

El otro, la otra oscuridad, es la que tiene que ver –en esencia- con el abandono. La Gran Depresión se saltó al rock’n roll y las motocicletas, y de pronto la historia sólo vio las fábricas –abandonadas- de las mismas motocicletas, quizá de cajas de cartón… qué importa. Era un paraíso de crianza para niños, nuevamente, abandonados. Había también en el paisaje del abandono una cantidad inofensiva de punks, lo suficientemente inofensiva como para poder decir entre dientes que de ahí vienen y, con la otra mano, pintar de morado sus mechones rojos. Es un paisaje mucho más plano, sin sienas y lleno de gris, de atmósfera gaseosa y muros mohosos como los del castillo de Transilvania. Empiezan a acentuarse las coincidencias. Probablemente sean los ochentas o noventas.

(Ambos escenarios –cabe mencionar- de gran análisis filosófico al estilo nihilista, pues al ser lugares ideales y por lo tanto intemporales, queda dentro de esas ideas el suficiente tiempo para la ociosidad, que como Nietzsche dice, es la madre de todas las filosofías; además la inherente inhumanidad (imponencia, no dualidad, inhabitabilidad, desconocimientos parciales del entorno por su carácter oscuro, incertidumbre del futuro por su estaticidad…) de los escenarios mismos, que incita al análisis personal. Hay ahí por consiguiente todas una cultura del razonamiento, de ahí en adelante importa poco la corriente filosófica como no sea religiosa o de cualquier otro tipo prometedor de luz).

Así la oscuridad antigua y la del abandono nacen de una huida. Totalmente voluntaria, quizá poco conciente, del color.

El abandono se saltó un incómodo periodo de psicodelia, de rock’n roll y Madona en MTV. No soporta el color que sugiere el desarreglo a propósito y decide omitir también a Cobain. De hecho tal vez el rock’n roll de los cincuentas sea un bochornoso evento (eso sí, necesario) en la historia. Olvidemos el bailado del twist y concentrémonos en que en ese momento había guerra y los jóvenes estaban tan (esquizofrénicamente) desorientados que no hallaron otra cosa más deprimente (claro está) para expresarse.

La oscuridad antigua intenta por todos los medios asumir que todo antes (de sí misma) también era oscuridad hasta el inicio de los tiempos y Lilith, y que incluso el luminoso renacimiento (irremediablemente opuesto y en la misma condición pegado al oscurantismo) era mejor de noche. Por cierto, tampoco existió la revolución francesa (sólo la guillotina), no había vida en América antes de Colón y después sólo hubo oscuridad, no existe África, sólo su sufrimiento, incluso, quizá el día sea sólo para dormir, o en otros casos para maldecir al sol. Vanos intentos ha habido por “ensombrecer la luz”, es decir, no por apagar la luz en un enfrentamiento cultural, sino por transformar la luz en “un índice menor de oscuridad”. Ni hablar de los pobres entusiastas de “iluminar” con el mismo método la oscuridad, quemados en la hoguera de los quemones (pasaron automáticamente al olvido, por incómodos, por iluminadores).

Sin embargo por mucho que se huya, todo eso existió, existe y es innegable. Lo otro que es innegable es que a ninguno le tocó vivir cualquiera de las dos épocas, y si les tocó (en tiéndase la segunda, la del abandono naturalmente), huyen de ella. Niegan una época que probablemente vivieron a través de la casa paterna, pues son probables hijos de hippies. Niegan de hecho, cualquier incomodidad colorida, ya sea Hendrix o Infante. Algunos incluso nacieron adultos, nunca escucharon a Cepillín ni le escribieron a los Reyes (Otros nunca tragan y por consiguiente, tampoco cagan). Nacieron así, vestidos de negro, con pupilentes grises muy naturales y cara de demonio triste. Así es el mundo en su huida poco conciente. Si se les cuestiona acerca de esto, se verá como huyen del color que les pueda acarrear una afrenta dialéctica (o mayéutica) (acostumbrados a su mundo estático de ociosidad oscura, el movimiento siempre representa luz, siendo esta la oscilación de las ondas electromagnéticas), negando así, como es debido, toda esta negación también. Dirán que sí han visto los magueyes, que conocen las tortillas y el significado de la palabra cumbia. Esto con el afán de mantener la congruencia en términos de lógica pura (¿Nacer en México y no conocer la cumbia?), pues si llegaran a verse incongruentes perderían toda credibilidad despiadadamente, algo que por un lado es atroz porque para recuperarla habría que recorrer y estudiar la historia nuevamente para empezar el proceso de negación (o maquillaje) racional de eventos lúcidos (tarea colosal) y que por otro lado representa el craso final, pues un incongruente, una incongruencia dentro de cualquier oscuridad solo puede significar una cosa: luz. El incongruente queda condenado, una vez más, al olvido por luminoso.

Jun 30

Dedicado a Poncho Vera, Brozo, Claudio, Facundo, Horacio Villalobos, símiles y derivados.

Los izquierderos

Los que yo llamo “izquierderos”, son personas que apoyan cualquier causa que huela a izquierda u oposición, sin hacer mayor profundidad en análisis. Suelen -por dar un ejemplo común- apoyar firmemente la liberación femenina al mismo tiempo que exigen la autonomía y conservación de las tradiciones de los pueblos indígenas, sin reparar en que la mayoría de las tradiciones indígenas son sexistas.

Otro ejemplo, que es el que me hace escribir esto/ (permiso un momento, me acaba de llegar un mensaje,…, diablos, otra estúpida promoción)/ bueno. Ah sí, El ejemplo son los mismos izquierderos que se desviven crucificando a Televisa por ser un… no sé, arma de penetración trasnacional, máquina de apendejar, foco infeccioso de la mente. Al tiempo que con la misma pasión condenan inquisitivamente a esa eventualidad llamada “censura”.

Aquí su rojito corazón entra en conflicto. Por un lado quemarían vivo a Emilio Azcárraga si pudieran, y por el otro saben que su “deber” es casi casi dar la vida por el derecho de Pepillo Origel a decir que a Niurka le gusta embarrarle las nalgas en la cara al Boby.

Como no pueden pecar de andarle poniendo masquin teip a los medios pero deben velar por el bien de la nación, se les quema el fusible por el debate interno e irremediablemente caen en la tiebieza. El remedio que encuentran es esperar a que por arte de historia las televisoras cumplan al pie la Ley Federal de Radio y Televisión. Muchos han llegado así a viejos.

La aborción

Una vez –no recuerdo donde lo leí- un cura estuvo en contra del invento hoy llamado “pararrayos”, porque “interfería con los planes de Dios, y era reto”. A lo que los inventores contestaron que qué Dios tan pequeño aquel que se frena con un simple trozo de metal.

Esa fue la posición de la derecha –la del cura- por muchos siglos, la mayoría de las ocasiones en contra de las medicinas.

Hoy, todos, cuando nos duele la cabeza nos tomamos una aspirina o dos, incluidos los que están en contra de la despenalización del aborto. Estos últimos no dicen “No me tomo la aspirina o el naproxeno, porque estaré entonces interfiriendo con el desarrollo y curso de la naturaleza y además seré un asesino de esas miles de bacterias y virus que en mí han encontrado un hogar”. No. Mucho menos hay quien diga “Además voy a buscar la forma de que esos virus y mis anticuerpos puedan vivir en paz”, tampoco.

Simplemente se trata de terminar con algo que es maléfico para la salud. No estamos hablando de que con cada gripe somos unos malditos viru-abortivos psicópatas.

Del mismo modo que aquí vemos los conceptos de aborción y de cura, del lado de los medios están los conceptos de censura y de cura.

Si algo es maléfico mediáticamente para la salud del (tele)auditorio, hay que quitarlo.

Del mismo modo que no se puede preservar un virus, una infección en el cuerpo por miedo a la idea de aborción, no podemos retener una infección psico-sociológica en aras de no caer en la censura.

La censura termina siendo el debate más común –y el que le da el poco cuerpo que tiene- al encuentro Espacio. Y siempre termina, desde que me acuerdo, en esa tonta disyuntiva: ¿Hay malos contenidos en T.V.? Sí. ¿Sería bueno quitarlos? No. ¿Porqué? Porque sería censura, y la censura es un pecado en la ideología que debe tener un pueblomoderno-amantedelapaz-lejosdelahistoria-cercadelfuturo-y-elprimermundo como México. La censura es pues, un pecado en un país enamorado (con todo lo que eso significa) de la democracia. Debatimos quince minutos, comerciales, regresamos, despedida, no llegamos a nada y nos vemos en nuestra próxima emisión.

El desmadramiento

Hay quien ahí, en ese foro amorfo llamado Espacio, lo sabe. Sabe esto que escribo, y no lo dice. Si lo dijera sería rápidamente crucificado desde las tribunas y ganaría una dolorosa muerte mediática, al tiempo que confirmaría a la larga que ese foro, cuyo único fin es mejorar las telecomunicaciones, ha tenido siempre la respuesta a los problemas y nunca la ha dicho por un miedo muy pendejo, por el miedo que produce el haberse apegado en la vida más a las opiniones bonachonas de Chespirito que a las de Bertalanffy. ¿A quién me estoy refiriendo? A cualquiera. Ahí en Espacio solo hay de dos aguas: o eres uno de los miles de estudiantes de comunicación que por su condición de estudiante no tiene el derecho de “romper las reglas” porque “todavía no las conoce todas bien”, o eres un conductor que por incisivo que seas, eres lo suficientemente manso como para salir en la tele. Los dos miedosos. Con un miedo tonto a una censura tan sana como necesaria. Es el miedo a “abortar” (persígnese aquí) una gripe el que hoy nos tiene al borde del asma crónico. Me da -paradójicamente- “miedo”, pensar que ya sea una fobia.

A este miedo se llega por los dos lados, izquierdo y derecho. Del izquierdo se llega entibiándose (como ya dije) y del derecho se llega cuando en un afán de open maind los “azules” descubren que las ideas open maind son derivadas de la izquierda y cuando buscan a la izquierda encuentran a los izquierderos, que andan siempre bien perdidos en su conflicto interno, divisiones, trotskistas, stalinistas, etc.

Se topetean –azules y rojos- unos con otros como pinos de bolos y en vez de decirse entre sí “No manchen, qué pendejos estamos, no analizamos ni madres y por eso estamos como estamos”, se cubren –no sé si por orgullo generacional- tras la idea de que el mundo –siempre con el adjetivo de “globalizado”- es mucho más complejo (que antes), rápido y difícil de analizar, pero ¡Oh, enamoramiento!, con la democracia verdadera (que no hacen por buscar porque eso significa trazar un mapa que al mismo tiempo significa hacer un análisis) todo va a tener remedio.

Así, espacio, aunque sea conducido por personas no mayores a los treinta y cinco, termina siempre hablando de la esperanza en las nuevas generaciones. Generaciones que crecen con el ejemplo de los conductores y el canal en sí y que además tendrán hijos criados en tan tupido ambiente. De ese modo, señores, es como mi abuelo, de setenta y cinco años, lleva los mismos setenta y cinco años siendo el futuro de México (Y contando). Yo apenas llevo veintiuno. Esto, también es crecer en un ambiente de miedo.

Ene 17

De la conciencia de la animalidad, de la inexistencia de la no-existencia, de la muerte de la individualidad. De la conciencia de colectividad universal. Del vencimiento del miedo a la muerte en general (hay algunos errores de redacción pero pues ya qué).
 

Nunca se desarrolla más conciencia de mundo que cuando se conocen dos campos a profundidad. La combinación interdisciplinaria actual ha dado al hombre mayores frutos que la especialización monotemática de antaño. Ahí podemos encontrar ejemplos como la mecatrónica, la neurolingüística y la física cuántica. La razón es trigonométricamente simple: Si se tienen dos puntos, se puede trazar una línea que abarcará más espacio que los puntos solos, y si la línea se moviera por el eje Z seguramente recopilaría mucho más espacio que los dos puntos juntos. Aunque no hemos tenido éxito en la combinación de tres o más, por el momento nos ha bastado en demasía.
 

Por algún motivo, la conciencia del estado de muerte (el “así es”), arrastra a muchos individuos a otro conocimiento: la conciencia de animalidad.
 

El que teme al estado de muerte empieza a estudiar los decesos ajenos; Suele ser más común la observación de la muerte de los animales (pues casi todos los domésticos, insectos, plagas, etc. viven menos que nosotros) por pequeños que sean, no importa si son gatos u hormigas. Aunque en este punto todo razonamiento está manchado de melancolía cuando no de secuelas de ataques de ansiedad, el individuo (que se sobreentienda ateo de aquí en adelante) al ver su propia muerte en todos lados y con más frecuencia en la de los animales empieza a encontrar -al principio sin desearlo- las similitudes entre aquella criatura y él mismo. El individuo comienza a ver en sus manos unos tubos poco diferentes de los tentáculos de un pulpo, en sus ojos unas glándulas viscosas similares a sanguijuelas blancas y abultadas, qué se yo. Algo relacionado con el temor a la muerte-evento: El individuo hace conciencia de que en las entrañas reina la oscuridad, en los intestinos, en el centro del cerebro, en los pulmones. Algo “muy similar a adentro de la tumba”.
 

Como bien lo decía Mefistófeles en su comentario, de cualquier modo no dejamos de existir, pues todo volverá a ser polvo de estrellas. Y si no dejamos de existir ¿Para qué tanta cuartilla? No es tan sencillo.
 

La no existencia es imposible, todo lo que somos es energía y la energía no se destruye (no se muere pues) (No, no  voy a empezar a hablar de metafísica). Por lo tanto de modo estricto el miedo a no existir es injustificado.
 

Sin embargo a lo que le teme el temeroso de la no existencia no es a su no existencia como materia, sino a la no existencia de la individualidad, y en muy mayor grado, a la no existencia de la personalidad. A no existencia de la conciencia misma.
 

Todo comportamiento traza (aunque nunca fuera de la teoría de causalidad) la parte que le toca como cúmulo de átomos (entendiendo por cúmulo de átomos a los planetas, los unicelulares, nosotros, etc.) O –si se quiere ver así- como átomo por separado. En teoría la personalidad no existe (no como algo trascendente), pues la materia y el acontecer (plataforma y esencia respectivamente de la personalidad) obedecen al principio de causalidad y el devenir histórico. Como ya dije en la primera parte, todo suceso mental –como la personalidad- no es más que una serie de procesos químico-electromagnéticos. Pues, desde aquí, la personalidad es una serie impulsos de energía que se transformará en distintas formas de energía que nunca se va a dejar de existir pasen los eones que pasen. Claro, en el proceso la personalidad perderá su “individualidad”.
 

Esta es la esencia del temor a la muerte-estado: el miedo a la pérdida de la indivualidad de la personalidad. Quisiéramos estar concientes tras la muerte pero eso no se va a poder porque los elementos –la mayoría desde el instante mismo del deceso- que integran lo que conocemos como personalidad se habrán transformado ya en otra forma de energía (en, por ejemplo, el último impulso de las células cutáneas por respirar). (En realidad la parte mínima es la que se transformará en comida de gusano).
 

Sin embargo ver así una única “pérdida” de la individualidad de la personalidad o de la personalidad misma es totalmente erróneo. (Poco a poco se van aboliendo los motivos del miedo).
 

Siendo estrictos, la personalidad nunca está enteramente definida, ni siquiera la conocemos al cien por ciento por muy nuestra que sea. Al ser –reitero- una serie de procesos químico-electromagnéticos está sujeta a cosas como la alimentación y la oxigenación. Las neuronas son en realidad la plataforma donde se desliza la personalidad, la cual es energía, la cual obtenemos de los alimentos. La personalidad es ahora desde acá, algo que nunca está definido al cien por ciento, y por ser totalmente energía sobre la plataforma es dependiente de nuestros hábitos y nunca se compone de lo mismo. Siempre es transitoria. ¿Tememos perder algo que perdemos y ganamos todos los días a todas horas, que es transitorio? Se diría que a lo que tememos es a la pérdida de ese proceso, pero eso carecería ya de sentido. Lo que pasa es que vemos a la personalidad con familiaridad aunque cambie porque estamos concientes de ella, y la conciencia también es una serie de procesos como los que ya dije.
 

Después de adquirir conciencia del estado de muerte y de la animalidad, es mucho más fácil recoger con la red tendida entre los dos puntos la idea de que somos un grupo de átomos que se releva (¿En realidad cuántas células de las que éramos al nacer quedan vivas hoy?) y que eso seremos al morir. Que nunca hemos dejado de ser eso. Antes de nacer ya lo éramos.
 

El destino del universo es incierto, hay tantas teorías todas tan creíbles, mas todas apuntan a repeticiones (temporales o espaciales). Y aunque estas no fueran ciertas, todo escapa a nuestro entender por ahora (y tal vez para siempre). Podemos temer a lo que desconocemos, pero no a aquello a lo que no podemos imaginar. Simplemente es imposible.
 

 

 

 

Ene 14

Según la Wikipedia, Un organismo vivo es aquel, compuesto por materia orgánica (C,H,O,N,S,P), capaz de llevar a cabo funciones tales como comer, metabolizar, excretar, respirar, moverse, crecer, reproducirse y responder a estímulos externos.

Los demás seres vivos no tienen conciencia de sí, el hombre (aunque se cree que también algunos chimpancés y los delfines en general por ser capaces de reconocerse en el espejo…) es el único que la posee. La causa de esto es que el hombre, desprovisto de garras, velocidad o venenos, tomó por arma la creatividad, para la cual todo es una herramienta. Ante esta situación el animal forzosamente adquiere conciencia de todas sus herramientas (entorno absoluto) y por ende, de sí.

La conciencia humana es, como todo ocurrir en los seres vivos, un conjunto de procesos químicos y electromagnéticos que rigen nuestro actuar, igual como sucede con las cucarachas, las lombrices, los unicelulares, etcétera. No es nada del otro mundo.

Al morir, es decir, al detenerse la capacidad de homeostasis, todo acaba.

Todos nacemos sin conocimiento de la muerte. Podría decirse que la infancia la vivimos con la idea de ser inmortales, hasta que alguien muere. Darse cuenta de que la muerte existe, de que todos mueren y finalmente de que algún día moriremos es parte del proceso de entender que no somos el centro del universo. Es un fenómeno lento y doloroso que puede abarcar toda la vida, pues es tan fuerte la idea infantil de la inmortalidad (y tan complaciente) que nos resistimos con ahínco a la idea de la muerte, tanto que a veces, aunque no la hemos asimilado o ha sido en una medida pequeña, decimos haberlo hecho con una resignación que esconde un terror indescriptible.

Eso es el miedo a la muerte: un terror indescriptible. Pero seré concreto, ya que este problema de temerle a la muerte (como evento) es común, pero es universal el otro miedo, el miedo a no estar vivos, el miedo a no existir. El miedo a la muerte no como evento, sino como estado.

Dicho miedo es infinitamente más profundo y afectante que el miedo a la muerte como evento. El individuo que teme al estado de muerte o no-existencia en un primer grado es atacado por las dudas: ¿Qué pasa cuando uno muere? Y todo lo relacionado. Este primer grado está caracterizado por la inconsciencia. ¿De qué es inconsciente? Pues es que no puede concebir para nada el hecho de que el corazón no lata, el hecho de no sentir física ni emocionalmente, de que no se pueda pensar. De hecho al individuo ni siquiera le cabe en la cabeza cómo es que a los muertos no les duela que se los coman los gusanos, que los pulmones exploten, etc.

Se puede vivir en este estado de timidez “ligero” sin que el problema avance de estatus, el problemón viene la “conciencia del estado de muerte”.

Esta situación es catalizada a veces por un evento nimio que nos da una leve (por leve que sea) idea de lo que es estar muerto. Las posibilidades del evento son infinitas, por ejemplo, si se ha visto a alguien morir sedado por los medicamentos, y en el momento que nuestro individuo estornuda -ese lapsus en que el pensamiento se paraliza y en los instantes posteriores se entorpece (o si se queda dormido entre estornudos)- se da cuenta de que “así podría ser”, entonces ya no hay marcha atrás. Comienza un proceso de analogías de la vida cotidiana: se busca en cada momento un símil de lo que es nuestra idea-esbozo de muerte: el sentimiento de ebriedad, el adormilamiento, etc. Hasta que el “así podría ser” se convierte en “así es”.

A partir de ese momento ya no hay retorno. El individuo encuentra situaciones –o las imagina- en cualquier momento. Día y noche es acosado por la idea del ya no existir, del ¿para qué nací? Del miedo a que los seres queridos tampoco existirán, la idea de que muchos seguirán existiendo (¿Cómo pueden reír si se van a morir?), de que todos y todo (absolutamente) en este planeta en algún momento no existirá más. Durante la primera fase antes mencionada se puede sobrevivir con la idea de que “vamos a dejar algo en este mundo”, pero en este estado avanzado ya no, porque el individuo sabe que al morir tampoco esta satisfacción existirá. “Vértigos” es como lo suelen llamar a esos ataques de ansiedad-tristeza agudos de día y de noche. Nada es consuelo. Nada. ¿Para que platicarlo si de cualquier modo va a pasar? La persona cristiana (o religiosa en general) se refugia en la idea de Dios y el cielo, incluso el infierno es una salvación de la no-existencia, pero cuando hablamos de un ateo consolidado la cosa en tremendamente distinta.

El ateo no piensa que no existe Dios, el ateo “sabe” que Dios no existe, y por ende tampoco el cielo ni vidas posteriores, el ateo sabe (y en estado de “así es” es contundente) que más allá no existe nada.

La persona no acostumbrada a auto emanciparse, a hacerse exámenes de conciencia, cuando experimenta miedo a la no-existencia se bloquea con pensamientos “felices”, con el “hay que vivir y no pensar en eso (que está muy lejano)”, o el “pues ya qué” y sobrevive de mala manera con esto, sin dejar de experimentar ataques de ansiedad.

El ateo consolidado también en momentos de debilidad busca consuelo en dichas frases, pero siempre teniendo a la par de dichos pensamientos la certeza (y la vergüenza) de que se está auto-engañando, porque “aunque vivas al límite y al máximo amando a tus seres cercanos” y blablablá, eso, Eso va a pasar.

 

 

 

 

Nov 22

 

El marxismo actual se enfrenta hoy a muchos enemigos, de los cuales logro condensar solo uno general: la cristalización.

 

El periodo de Stalin al frente de la Unión Soviética trajo consigo y dejó para la posteridad la idea de impartir el socialismo como una doctrina, como una serie de pasos rígidos, un sistema de leyes inexorables y anacrónicas aplicables a todos los problemas de la vida (Algo que suelen hacer los dirigentes cristianos con la Biblia).

 

Así muchos socialistas convirtieron al Manifiesto y a El Capital en libros de cabecera que contenían las respuestas a todas las preguntas y la solución a cualquier problema. Ese fue el principio de la cristalización.

 

De la caída de la U.R.S.S. y la del muro de Berlín en adelante vinieron todas las consecuencias: las millones de refutaciones hacia esa “fruta cristalizada” que era lo que se entendía como marxismo, que ahora el mundo en manos neoliberales, veía como lo que era esa fruta exactamente: algo anacrónico.

 

Cito dos de esas críticas: “Marx se equivocó, dijo que la revolución socialista iba a ocurrir en los países más industrializados de su tiempo como era el caso de Francia, Inglaterra y E.U., cuando pasó totalmente lo contrario; se realizó en los países más cercanos al feudalismo: China y Rusia”.

 

“El marxismo se ha equivocado, había predicho que el mercado capitalista iba a experimentar ondas de crisis cada vez mayores, cada vez más largas y cada vez más seguido, cosa que no ha pasado aún y no se ve que vaya a pasar”.

 

Ambas cosas, si se les ve desde el punto de vista bíblico que se tiene del marxismo cristalizado, son ciertas. Esas dos cosas se leen en el Manifiesto del Partido Comunista y no han pasado ni creo que vayan a pasar.

 

Tras la muerte de Marx, Engels declaró que “en parte era descuido de los dos haber dado a entender el socialismo como una teoría meramente económica”. De ahí en adelante (“en adelante” entiéndase hasta la muerte de Engels) se procuró dar más difusión a los textos que tenían más que ver con los otros dos aspectos pinaculares del marxismo: la filosofía y la política; dando así mayor circulación a textos como “Dialéctica de la naturaleza”, “El papel del trabajo para la evolución del mono en hombre”, “Del comunismo utópico al comunismo científico”, etc. Dejando de lado los textos economistas, que son más propensos a caer en el anacronismo. Me explico.

 

La cristalización (Stalinista y post-Stalinista) ha hecho que los textos centrales del análisis al marxismo hayan pasado a ser El Manifiesto del Partido Comunista y El Capital, textos cuya esencia está irremediablemente mezclada con el preciso contexto histórico de su época de edición, el cual es ya inútil para fines de la praxis. Es hoy imposible realizar una revolución si se sigue al pie de la letra el Manifiesto así como es imposible hacer un análisis económico veraz a través de El Capital.  

 

¿Y cuál es la esencia? ¿Acaso queda algo del marxismo tras la obsolencia histórico-económico-político-social de estos dos “Pilares”? ¿Qué es eso que escapa a todos los ataques al fruto cristalizado? Respuesta (un tanto) sencilla: La dialéctica, el materialismo histórico y la praxis.

 

Estos elementos “son instrumentos teóricos para enfrentar de forma creadora nuevas realidades” (Martha Harnecker Dixit).

 

Y es que la praxis misma de cualquier corriente filosófica aspirante a un nuevo orden político (Marx, Platón, Nietzsche, etc.) acarrea consigo el peligro de ser “cristalizada/dogmatizada” con fines subjetivo-políticos, es decir, con el fin de la realización de la praxis misma (o lo que es lo mismo, sólo con el fin de acabar lo empezado a como de lugar). Situación que a la larga irremediablemente se verá lejos de la esencia generadora.

 

En el caso del socialismo y Stalin, la praxis se dogmatizó para evitar levantamientos y el aspecto inconciente de este uso (y su posterior transformación en barco a la deriva tras la caída del bloque soviético) de la teoría marxista acabó en una ruptura con la dialéctica, con la Ciencia de la Historia. Es decir, como era de esperarse, no logró encajar en todo contexto histórico y todo contexto social de cualquier país como se hacía creer.

 

El peligro existe, pero de los errores se aprende; la dialéctica es la herramienta que permitirá generar nuevas tesis acerca de nuestra situación económico-histórica e instrumentar nuevas praxis, evitando que el marxismo –que es antidogmático- se convierta en un dogma nuevamente.

 

Será que como dijo Althusser: “Cuando todos han pensado superado el aporte teórico de Marx y al marxismo como una ciencia acabada, en realidad la obra de éste no ha sido superada, al contrario: ha sido subutilizada”.

 

 

 

Nov 21

Actualmente las ciencias que se ocupan de entender la mente y el comportamiento humano se encuentran en un baraje total. Y con esto no me refiero a que se encuentran detenidas, al contrario, se mueven desesperadamente, hoy tal vez, a mayor rapidez que nunca. A lo que me refiero es a que se mueven sin avanzar hacia el objetivo: saber cómo funcionamos de la cabeza.

 

En tiempos antiguos, antes de la neurología, ésta era labor de los filósofos. Desde que Aristóteles planteó que pensábamos con el corazón y sentíamos con el cerebro. Esta idea durante muchos siglos fungió como aforismo y hasta como dogma. Roto éste, la filosofía nunca más volvió a ser la misma.

 

Desde entonces, la filosofía busca siempre el avalúo de la ciencia (la ciencia que conocemos, la Ciencia de Matraz). Casi todas las ramas de la filosofía han buscado amparar sus teorías en la biología: la ontología, la ética, la estética, etc.

 

Pero en términos de la mente, otra fue la historia. La biología no aportó sustento firme para las teorías gnoseológicas, y viéndose desamparadas, buscaron primero acojedura bajo la psicología. Mala idea. La psicología no se representa actualmente ni a sí misma como ciencia. Yendo más allá, las teorías acerca de la mente buscaron cobija en la neurología, y oh sorpresa: La neurología es una ciencia nueva que no sabe casi nada. Mayor sorpresa: no sólo las corrientes filosóficas buscan amparo en la neurología, también las teorías psicológicas, la lingüística y hasta la biología misma en la que tanto quiso encaramarse. Bueno, ¡Hasta la parasicología!

 

Hoy, cada paso de gusano que da la neurología la lleva cual agua a su molino la teoría filosófica que la necesite, mañana se dará un paso en que se reniegue del anterior y la usará de sustento y arma la teoría en contraparte.

 

Mientras tanto las pizarras se llenan de indagaciones de tres tipos: las de los filósofos que buscan el sustento neurológico y que formulan diversas formas en que podría funcionar la mente humana; las indagaciones de los filósofos que han estudiado neurología (y/o psicología) que tratan de orquestar métodos de estudio acerca del cerebro; y las indagaciones de los neurólogos, que saben casi nada y que a veces buscan el sustento en los otros dos para formular métodos de estudio o teorías del funcionamiento (o en algunos casos las dos cosas).

 

Mientras tanto, los neurólogos (y neurolingüistas) reclaman silencio, pues son invadidos por preguntas a cada paso que dan.

 

El cerebro humano está hoy hundido en misterio. La filosofía de la mente tan movida y catártica hasta la década de los setentas ha decidido esperar a que la neurología saque al cerebro de su negro saco. Esperando la verdad absoluta. El hecho científico. De no ser por los retos epistemológicos, podría decirse que estamos en el umbral de la muerte de la filosofía.

 

Nov 21

El argumento más contundente que se ha expuesto contra el materialismo es que si como éste afirma, la mente está sujeta a las leyes de la física, entonces no existe el libre pensamiento ni la voluntad, es decir, toda actividad humana está ya predeterminada.

 

Dado éste golpe algunos materialistas sugirieron algunas ideas que permitían la existencia de la voluntad y de lo físico, a lo que se llamó “menos reduccionistas”.

 

Las leyes de la física no son de una rigidez binaria, es decir, si se deja caer una pelota al suelo no necesariamente rebotará en la misma dirección en que bajó; dependerá del viento, del tipo e inclinación del suelo e incluso del material y la forma de la pelota la dirección en que se redireccionará. *

 

Dentro del rebote –actividad- del ser humano existe otro factor físico: la voluntad.

 

Según el materialismo, la conciencia es un fenómeno fisioquímico en el sistema nervioso.

 

Ahora, según yo, sí existe la voluntad, pero también ésta es un fenómeno físico.

 

El ser humano decide lo que ya está predeterminado por el devenir histórico, por el principio de causalidad. Aunque aparenta ser autónomo porque el principio de causalidad se encuentra dentro del orden del caos.

 

Aún no sé bien como hacer un buen planteamiento de esta idea, pero realmente deseo hacerlo (Aunque a la mitad descubra que no es cierto).

 

 

*No recuerdo bien para qué escribí tan largo ese párrafo.